Dependencia Emocional, las cosas del querer

Y el que se encuentre libre de ‘pecado’, que tire la primera piedra! La dependencia emocional afecta a la mayoría de los mortales en mayor o menor grado o según la circunstancia. Es producto de una carencia afectiva, con un toque de expectativa hollywoodiense y un tanto de incompetencia amorosa heredada. El origen suele hallarse en la infancia, cuando se forma nuestra personalidad, debido a algún maltrato explícito por parte de los progenitores o algún trauma de separación aparentemente normal, asumido por el niñ@ como una falta de amor. Además, en muchos casos, tras una ruptura amorosa nacen miedos tan grandes al fracaso, a la soledad, al rechazo… que hacen muy doloroso superar el duelo o provocan conductas nocivas y dependientes en relaciones posteriores.

La buena noticia es que, como adultos, podemos transgredir de manera autónoma la actitud infantil de dependencia y procurarnos un amor sano. Sin embargo, ahora la responsabilidad es SÓLO nuestra.

A menudo, ante elcorazon roto sufrimiento que provoca la dependencia emocional, creemos que la causa es insustancial, el médico no nos pregunta en qué momento salimos a la calle poco abrigados y comenzamos a estornudar. Sin embargo, establecer un origen nos ayuda a entendernos mejor,  e inmediatamente, determinar un punto final. La Dependencia Emocional nada tiene que ver con el amor, es una necesidad del ego que, escuálido de aprecio, mendiga atención. Depender supone perder nuestra libertad para actuar, es decir, hacer en función de otros. Si actuamos según deseen los demás para agradar y sentirnos aceptados ¿dónde estamos nosotros?.

Depender emocionalmente significa perder la identidad y, por ende, perder el derecho a ‘existir’, (que, ya de paso, reclamo como derecho individual más allá de la filosofía de las naciones). El ‘querer’ tiene estas cosas: genera apegos. Así que sumo a la reivindicación de arriba la creación de nuevas asignaturas en la escuela: Aprender a amar y Aprender a decidir. Tomar una gran decisión ocupa sólo un instante, regar-amorprepararnos para poder afrontarla puede ocupar toda una vida. En el momento en que empezamos a permitir aquello que nos perjudica,  abrimos la puerta al desamor, sin embargo, es tan sencillo como decir: ‘no quiero esto’. El camino de regreso hacia el amor propio comienza en querer lo mejor para nosotros mismos, en no aceptar las sobras.

Nota: ‘Las cosas del querer’ son querer solomillo o quinoa real (para vegetariamos), y lo que huela mal y pueda intoxicarnos, mejor tirarlo a la basura. 

 

 

 

 

 

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