Feliz, ¿Ser o Estar?

No pensé nunca escribir sobre este tema, pero en la era de la psicología positiva no paro de ver referencias a los intemporales e inconmensurables interrogantes sobre la FELICIDAD. A menudo los autores más arriesgados nos dan fórmulas sobre ‘cómo alcanzar la felicidad’, pero yo, no entiendo nada…
Hace años descubrí que la felicidad no es un estado. Podemos estar alegres o tristes o cien variaciones entre medias que matizan estas polaridades, sin embargo, SER FELIZ, nada tiene que ver con un estado temporal o condicional. Los estados son cambiantes: varían según las circunstancias. Mejor dicho, varían según los pensamientos que nos permitimos tener y, dichos pensamientos, generan nuestras emociones.
 
La FELICIDAD es una condición intrínseca del SER, igual que vivir (experimentar) o autoconocerse. La felicidad está ligada a la gratitud, al hecho de agradecer tener vida. Ocurra lo que ocurra en nuestra vida, por muy tristes o abrumados que nos sintamos una temporada, no podemos dejar de ser felices. La felicidad no depende de las cosas externas, es una cualidad inherente al hecho de existir.
Cuando nos damos cuenta de que la felicidad no es una meta a conseguir sino una cualidad propia de la vida, todo comienza a tener otro sentido. No somos víctimas de nuestra existencia, las circunstancias que vivimos nos ayudan a experimentar y crecer, y ese es el único sentido. Dar gracias por hacerme consciente de ello me asegura la felicidad incondicional.

La FELICIDAD no es un estado de euforia permanente, es la paz interior que provoca sentir que ‘todo está bien’ siempre y cuando seamos conscientes de que todo lo elegimos y creamos nosotros con un fin. Cuanto más conscientes seamos de nuestros pensamientos y actos, y sus posibles consecuencias o repercusiones, más maravillados estaremos ante el hecho de vivir.

La FELICIDAD es el resultado de saber que la vida es una decisión constante y ello nos genera un aprendizaje continuo. Todos somos a la vez actores y demiurgos con la responsabilidad de ACTUAR. Sal y vive como tú quieras vivir!.

 

Nota: Para localizar a aquellos que saben esto, busca un  brillo singular en sus ojos, que lejos de ser reflejo de un foco externo, proviene de su inmensa luz interior.

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