Apología de la destrucción

Morir es un regalo de VIDA. Destruir es la herramienta del VIVIDOR, un acto de violencia y frustración cuando permitimos que esa muerte sea estéril, pero un acto de valentía y amor cuando convertimos las cenizas en ARTE.

La muerte va mucho más allá de lo físico, es un estado emocional, una actitud, un instante de vida, un hito para la re-creación.Hemos aprendido a temer a la muerte, a dramatizar su sentido, a reaccionar contra la naturaleza desafiando su sabiduría.  
-Hemos dejado que la emotividad corrompa la pureza de los ciclos vitales.
El miedo a asesinar nuestras ruinas existe por puro apego a la errumbre. El temor, la pereza, la debilidad… nos hacen creer que lo duradero tiene más valor, paradoja de un mundo fabricado por cambios y mutaciones por azar.
Adoramos falsos ídolos: trabajos indefinidos, parejas de por vida, verdades absolutas, obligaciones en propiedad… Sobrevivimos por falsas expectativas y ‘deberías’, y nos hemos prohibido el esfuerzo creativo de una continua transmutación interna para darnos SENTIDO: coherencia entre nuestros pensamientos, palabras y acciones.

Hay quienes aferrados a lo conocido prefieren gastar sus días agonizando, doliéndose, encorvando la espalda. Prefieren vivir en la enfermedad a morir.

Lo llamo Patología de lo imperecedero, miedo al cambio.

Funciona con quien se aferra a la idea de eternidad, no por lo que ES sino por cómo ESTÁ. Pero los estados son transitorios, y cada cual decide la duración de sus estados.
Algunos sobreviven en lo estático, como el que está enchufado a una máquina pero ha perdido la consciencia.
VIVIR es facilitar la naturaleza dinámica de los estados de SER. Quien no se transforma, no vive o, perdonen el atrevimiento, no merece poseer aliento.
-La muerte es sólo el colapso de lo obsoleto, la única posibilidad de transformación profunda.
Morir es una necesidad, un paso vital. Un suicidio programado del personaje caduco que SOMOS. Morir es el acto de belleza y valentía más importante en la construcción del SER. Procesos periódicos de Vida-Muerte-Vida nos permiten evolucionar, como describe Clarissa Pinkola en su libro ‘Mujeres que corren con los lobos’.
Cuando una etapa de vida ya no nos enseña nada, derrumbamos nuestro edificio y procedemos a la reforma integral. A veces podemos mantener los cimientos de nuestro YO esencial observando la pureza que subyace al YO construido. En otras ocasiones más vale empezar de cero. Disfrutar de SER en unos instantes de libertad ligados a la muerte, a la humildad absoluta, al vacío, siendo sólo luz.

-Celebremos la muerte como comienzo de vida.

Nota: Sincronizarse con los procesos naturales para vivir en sintonía con su intemporalidad y la abundancia intrínseca del desapego.

 

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